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Millones de trabajadores
rurales sin tierra y pequeños productores no tienen acceso
a lo que debería ser un derecho: suficientes ingresos para
alimentar a toda la familia, enviar a sus hijos a la escuela y algo
más, para invertir en un desarrollo sostenible.
Obviamente, las ventajas del comercio internacional no son visibles
para todo el mundo. Para los pequeños agricultores, el acceso
a la información sobre el mercado o los precios es difícil.
Por consecuencia, muchos de ellos dependen cada vez más de
los intermediarios. En épocas difíciles, pierden su
única pertenencia: su tierra y, por consiguiente, su sustento.
De manera comparable, muchos trabajadores en las plantaciones no ven
los beneficios del creciente comercio mundial. Se enfrentan a un sueldo
escaso, un entorno laboral inseguro y condiciones de vida precarias.
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