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Todos los involucrados en el sistema FLO hacen sus aportaciones
para cubrir los costes de dicho sistema. Aunque aún esté
parcialmente financiado de forma externa, la mayor parte de los
costes del sistema FLO la cubren las Iniciativas Nacionales, las
cuales cobran una cuota a sus licenciatarios por el uso del sello
de Comercio Justo. Esto costea los gastos de mercadeo de las Iniciativas
Nacionales, y parte de ello llega a FLO mediante las contribuciones
anuales de las Iniciativas Nacionales. Los licenciatarios registrados
con las Iniciativas Nacionales no pagan a FLO.
Una pequeña parte de los costes es compensada por las organizaciones
de productores y los comerciantes registrados por FLO. Las organizaciones
de productores pagan por la certificación, y adicionalmente
abonan una cuota anual que depende del volumen de sus ventas bajo
condiciones de Comercio Justo. Los comerciantes registrados FLO
también realizan una contribución basada en su facturación
total anual.
Los comerciantes repercuten sobre los consumidores el precio superior
y la prima de Comercio Justo que abonan a los productores y al sistema
FLO. El flujo financiero recorre el camino desde el consumidor,
que compra el producto, al productor. Al fin y al cabo, el impacto
del Comercio Justo depende siempre de la buena voluntad y lealtad
del consumidor. El precio de venta superior del producto de Comercio
Justo contribuye al desarrollo de las organizaciones de productores.
La Certificación FLO contribuye al fortalecimiento de las
organizaciones certificadas al facilitar el acceso de éstas
a los mercados internacionales, y al apoyar el comercio sostenible.
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