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COMBATIENDO A "EL NIÑO" CON ESPÍRITU COOPERATIVO

26 de febrero de 1998:
Imagínense un pueblo pequeño a orillas de un río, en un valle hermoso, en la selva tropical, ubicado en la parte sur del Perú. En este pueblito, en el año 1964, un grupo de pequeños productores de café creó una cooperativa; pudieron sobrevivir a las buenas y las malas cosechas. La cooperativa se llama Huadquiña y forma parte de COCLA, una de las más importantes Cooperativas de Café de la región, y se encuentra certificada por FLO desde 1989. El pueblo está conectado con el “mundo” por medio del ferrocarril que pasa a dos kilómetros y que va hasta Quillabamba, donde se ubica la sede de COCLA y donde se benefician los granos de café antes de ser exportados.

27 de febrero de 1998:
Ahora traten de imaginarse el mismo pueblo, inundado por el mismo río que de pronto, en sólo unas pocas horas, se transformó en su peor enemigo. Tiempo después, los especialistas dijeron que se trató del fenómeno de El Niño: en las altas montañas se rompió y se cayó una roca de hielo, y, de pronto, la cantidad de agua que surcaba el valle aumentó entre diez a veinte veces. El resultado fue devastador: todo el pueblo se destruyó, incluso el ferrocarril. Durante varias semanas, la gente del pueblo quedó completamente aislada del mundo exterior.

9 de agosto de 2002:
Si ustedes visitan Huadquiña hoy, se puede observar que todo el pueblo fue reconstruido, cuarenta metros más arriba, en la colina. Todo lo que quedó de aquel nefasto día en 1998, son las enormes rocas blancas en el lecho del río. Las rocas crearon una capa de casi 20 metros por encima del lugar donde solía estar ubicado el pueblo. Ya no se puede ir al pueblo en tren, porque el Gobierno nunca reparó el ferrocarril. Hay un pequeño camino que atraviesa el pueblo, que es muy importante para los vecinos; dicho camino se ha convertido en la única manera de transportar los sacos de café hacia el exterior.

Pero Huadquiña todavía existe, y los productores se sienten más que nunca unidos a la cooperativa. Por el momento, el café se almacena en una antigua iglesia. Con el dinero del premio justo y con el dinero de algunos donantes, Huadquiña está construyendo un nuevo depósito en el pueblo. Los productores están orgullosos de formar parte de Huadquiña y de COCLA, porque todas las cooperativas afiliadas a COCLA ayudaron a los habitantes del pueblo a sobrevivir las primeras difíciles semanas. En la Asamblea General decidieron que el dinero del premio de este año será dedicado, completamente, a la reconstrucción de las oficinas de la cooperativa Huadquiña. Junto con COCLA, Huadquiña buscó distintas alternativas para transportar el café y para poder seguir vendiendo durante la cosecha. Hasta se pudieron arreglar helicópteros para transportar los granos de café. “Todos los demás comerciantes y hasta el Gobierno nos abandonaron y dejaron la región; pero COCLA y las cooperativas afiliadas mostraron su solidaridad para con nosotros y nos ayudaron a sobrevivir en esos tiempos difíciles” dijo Guillermo Aguilar Lorenzo, de Huadquiña.

Cabe mencionar aquí una antigua palabra en quechua, AYNI, que significa "ayúdense como si fueran un equipo”. Este es el espíritu que existe en la cooperativa y que el Comercio Justo desea apoyar.

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